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Vartan
05/12/2011, 19:51
El Squonk.

Nombre cientifico: Lacrimacorpus dissolvens.


La zona del Squonk es muy limitada. Fuera de Pennsylvania, pocas personas han oido hablar de él, aqunque se dice que es bastante común en los cicutales de aquel estado. El Squonk es muy hosco y generalmente viaja a la hora del crépusculo. La piel, que esta cubierta de lunares y verrugas, no le calza bien; los mejores jueces declaran que es el mas desdichado de todos los animales. Rastrearlo es fácil, porque llora continuamente y deja una huella de lágrimas. Cuando lo acorralan y no puede huir o cuando lo sorprenden y lo asustan se disuelve
en lágrimas. Los cazadores de squonks tienen más éxito en las noches de frío y de Luna , cuando las lágrimas caen despacio y al animal no le gusta moverse; su llanto se oye bajo las ramas de los obscuros arbustos de cicuta.


El Señor J.P. Wentling, antes de Pennsylvania y ahora establecido en St. Anthony Park,Minnesota tuvo una triste experiencia con un squonk cerca de Monte Alto. Había remedado el llanto del Squonk y lo había inducido a meterse en una bolsa, que llevaba a su casa, cuando de pronto el peso se aligeró y el llantó cesó. Wentling abrió la bolsa; sólo quedaban lágrimas y burbujas.


Jorge Luis Borges
Manual de Zoologia Fantástica.

Vitta
05/12/2011, 23:59
Me gustó, cuando te desmoronas y sientes que cada parte de tu ser queda repartido, recordé algo parecido en el libro "La carcajada del gato" de Luis Spota:


El Gulit perdió un día el amor de su compañera, y para castigarla, para que sufriera remordimientos, decidió irse comiendo poco a poco a sí mismo. Devoró primero sus trece patas izquierdas; después las trece derechas. Más tarde atacó la masa de su cuerpo, empezando por el extremo opuesto a la cabeza. Siguió con el torsó. Llegó al cuello, y se detuvo, antes de seguir, en espera de que aquella cuya atención buscaba ganar con tales sacrificios se apiadara de él. como no lo hizo, el Gulit se enojó mucho y continuó mordiéndose. Con grandes esfuerzos, ahora porque estaba casi muerto, logró clavar los colmillos en sus orejas, su nuca, sus ojos; en la poquísima carne que había alrededor de sus mandíbulas. Cuando no le quedó por tragar ni una brizna de pelo y escamas, de pluma y materia córnea, cuando era sólo un vacío circundado de dientes, el Gulit se resignó a morir de hambre. Cosa que ocurrió a la otra mañana..."

cuenta-cuentos
18/02/2012, 23:40
Tuve un squonk en casa.

Realmente llegó solo después de un día que en casa tuve que vaciar una cubeta llena de lágrimas.

Se instaló en la recámara, sitio en el que yo solía llorar, pero hube de correrlo ya que su copioso llanto mojó las alfombras y la habitación comenzaba a rezumar un olor a humedad y a orina muy desagradable; y es que lo que no se ha dicho nunca del squonk, es que además de lágrimas, cuando su cuerpo se diluye deja una especie de baba, semejante a la que dejan los caracoles a su paso, muy necesaria para constiuirse una vez que han encontrado consuelo.

Ahuyentarlo de la recámara fue difícil ya que como es bien sabido, los squonk son difíciles de atrapar. Tuve que atraerlo al baño, el sitio elegido por mí como su nueva residencia, con una serie de trucos caseros: unas ramitas de "nomeolvides", trocitos de chocolate, y una almohada perfumada con lágrimas de amores antiguos.

Con el nomeolvides, el squonk se acercó y permaneció un largo rato, pero al primer ruido regresó a la recámara con cara circunspecta y un poco indigesto.

Los trocitos de chocolate los probó y parece que le consolaron, pues agregó algunas verrugas más a su fea cara, las cuales pasaron de un lindo color bermellón, a un azul cerúleo bastante atractivo.

La almohada tuvo más éxito. Mientras estuvo tirada en el suelo, el squonk se acercaba a olfatearla y se acurrucaba sobre ella como un niño haría con su madre. Sin embargo debió perder su aroma, pues un día el squonk casi se deshace sobre la almohada con un llanto desconsolado y la almohada quedó hecha trizas.

Lo único que me quedaba por hacer, era convertirme en el señuelo y llorar con profusión de lágrimas en el baño, con la esperanza de penetrarlo lo suficiente con ellas, para que el squonk le prefiriera a mi cama.

Así que me armé de los mejores recuerdos, los más hermosos y dolorosos, como la primera vez que él y yo nos besamos, la primera vez que tocó mi piel e hicimos el amor, ó el día que sin despedirse cerró la puerta tras de sí para no volver.

Me armé con velas y gardenias. Música suave entraba por la ventana desde el restaurant de junto, me senté en el suelo junto a la ventana, desnudé mi torso para sentir la brisa en la piel que él ya no tocó más, y comencé a revivir la felicidad pasada, ahora tornada en soledad.

Mi llanto fue tan sincero, que el squonk se fue acercando lentamente. A pesar de la fealdad inicial que había visto en él y de la que el squonk estaba por cierto, muy consciente, fue acercándose con timidez a mis piernas y comenzó a lamer las lágrimas que desde mi cara se derramaban sobre ellas.

El contacto de su lengua era cálido y húmedo, como un beso; y a cada lágrima que bebía el squonk, éste iba adquiriendo robustez y belleza. Entre sus besos y su transformación tranquila, yo sufría una especie de excitación que me abstrajo del tiempo y lugar, como si fuera a deshacerme en el sentimiento de amor y desolación más profundo.

Como yo no parara de llorar, recordando las mariposas que él había colocado en mi espalda y en mis hombros, el squonk mientras más bebía fue transformándose en un ser antropomorfo.

Yo me deshacía en lágrimas y él se tranformaba en mí misma. Llegó un momento en que nos confundimos y no supe si desaparecí ó si fue el squonk quién desapareció.

Sólo sé que me quedé dormida en el baño y al despertar no quedaba rastro alguno del animalito. Yo quedé cubierta de una baba nacarada de nauseabundo olor, por lo que procedí a limpiarme y quedé ligera. Me sentía más fuerte, renovada, capaz de volver a reconstruírme y amar nuevamente. Las mariposas se habían ido, aunque los recuerdos eran aún muy vívidos.

No volví a ver al squonk, ni a saber de alguien más que notara su existencia. Mi afán por extrañarlo y llorar su ausencia desapareció por completo y aunque lo intento, no puedo recordar cómo fue la primera vez que lo besé, la primera vez que me tocó e hicimos el amor, o su partida silenciosa de mi vida.

Recuerdo al squonk porque al mirarme en el espejo miro un destello común al de sus ojos, en el fondo de los míos y me salió una verruga de un extraño color bajo mi axila izquierda. En las noches de frío y luna me dan ganas de esconderme entre los arbustos y a la hora del crepúsculo siento la necesidad de viajar.

Ignoro donde estará el squonk, o si el squonk soy yo.

Lo que sí sé es que existe, no sólo en los cicutales de Pennsylvania... Existe en todo lugar en el que una mujer que ha perdido un amor llore inconsolablemente, para desaparecer a un nosotros y levantarse de nuevo, con un amor a sí misma, renovado.

Vartan
25/02/2012, 02:20
Si fuese un crítico literario, te quemaría en leña verde por osar continuar un cuento de Borges. Empero, celebro la osadía y el arrojarse a escribir sobre el Squonk. Tu cuento me recuerda a Remedios Varo ( pero si era pintora, ella no escribia!, gracias eh) me refiero a las imagenes oniricas delineadas por el texto , en una narrativa que bordea entre la ficción y la autognosis. Enhorabuena.

cuenta-cuentos
13/03/2012, 03:02
En palabras simples... ¿le gustó? o no pasa de ser un triste intento de continuación?

De la zoología fantástica de Borges, éste es uno de los que más me agradan.

Me gustó el ejercicio. ¡Es un reto continuar una gran historia!

Siento que Borges lo habría disfrutado (fuera bueno o malo), porque quiere decir que alguien se atrevió a darle respuesta... ¿cuantas veces lanzamos una frase al aire, con la esperanza de encontrar una voz que la devuelva? ¿cuantas veces intentamos diluir nuestra soledad en las palabras, en espera de la atención, ó el consuelo que, por desgracia, pocas veces llega?